La
globalización neoliberal y sus consecuencias en el
buen vivir.
Hoy aparece con una claridad espeluznante una de las características más negativas para los intereses populares que tiene la globalización. La actual crisis capitalista -entre otras consecuencias- provoca una revisión de aquellos conceptos que -sin una crítica imprescindible- se han ido incorporando a nuestro lenguaje cotidiano convirtiéndose en herramientas a partir de las cuales se caracteriza la realidad y se visualizan las posibilidades (e imposibilidades) de cambio.
Uno de esos términos es "globalización", todos lo usamos sin tener muy en claro su significado y alcance. En primer lugar a qué tipo de cosas o fenómenos se aplica y qué característica asume en cada caso.
Está claro que una cosa es hablar de la globalización de las comunicaciones y otra muy diferente de la globalización de la información, incluida la globalización de los medios de comunicación. A su vez, está bastante claro que, por ejemplo, el poder militar se globaliza (o, con más precisión, se mundializa) en su alcance como nunca antes en la historia, crece y hasta se privatiza, sin parar, pero, a la vez, sin distribuirse sino, por el contrario, sucede que se concentra cada vez en menos manos y sin que -por ahora- los Estados nacionales más poderosos hayan perdido del todo el control sobre él.
Uno de esos términos es "globalización", todos lo usamos sin tener muy en claro su significado y alcance. En primer lugar a qué tipo de cosas o fenómenos se aplica y qué característica asume en cada caso.
Está claro que una cosa es hablar de la globalización de las comunicaciones y otra muy diferente de la globalización de la información, incluida la globalización de los medios de comunicación. A su vez, está bastante claro que, por ejemplo, el poder militar se globaliza (o, con más precisión, se mundializa) en su alcance como nunca antes en la historia, crece y hasta se privatiza, sin parar, pero, a la vez, sin distribuirse sino, por el contrario, sucede que se concentra cada vez en menos manos y sin que -por ahora- los Estados nacionales más poderosos hayan perdido del todo el control sobre él.

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